Диалог культур. Испанскому клубу - 50 лет - 2012
44 Me acuerdo de un reportaje de televisión en que figuraba un hombre de España que pasó casi veinte años en una cárcel soviética, pero nunca llegó a dominar el ruso como nosotros: lo hablaba bien, pero muy bien, pero la «ese» le siguió saliendo como en Castilla, o sea, la apico-alveolar, que es bien diferente a la «normal» de nosotros. Para los hispanoparlantes aprender una lengua extranjera es un hueso muy duro de roer: sólo el que se encuentra desde muy niño en un entorno extranjero es capaz de dominarla realmente bien, ya que la lengua vernácula es algo que normalmente se aprende por mimetismo. Los rusos bien conocemos el fenómeno de personas nacidas de matrimonios mixtos. Por ejemplo, hasta hace poco tanto en Cuba como en la URSS / Rusia hubo bastantes familias soviético cubanas formadas por madre rusa y padre cubano. Los hijos nacidos de esas parejas sí que sabían hablar el ruso casi sin acento. Insisto en que para un nativo de español aprender a HABLAR BIEN una lengua extranjera es una verdadera proeza. En cambio los rusos, – y ésta es mi opinión personal – somos mucho más hábiles que los hispanoparlantes en lo tocante a idiomas, y de no ser tan vagos a causa de nuestra pereza congénita los podríamos dominar mucho mejor. De modo que si ¿es importante la pronunciación o se puede hacerle caso omiso? Creo que nunca se ha de menospreciarla, siempre que uno quiera ir más allá de la postura puramente utilitaria y le importe no hacerse el ridículo a la hora de hablar. ¿Cuántas lenguas extranjeras uno puede llegar a dominar? Desde nuestra tierna infancia se nos enseñó que ciertas personas sabias llegaron a dominar hasta diez o más lenguas extranjeras. Siempre se nos puso como ejemplo al líder de la Revolución rusa Vladímir Lenin, del que se decía que hablaba once idiomas. De Mijaíl Lomonósov se dice que dominaba hasta una veintena de idiomas. Yo más bien sostengo el punto de vista de que hoy día el poliglotismo es muy poco probable. En los tiempos de la Rusia zarista tal vez fuera común el que la clase media mayormente dispusiera de alguna que otra sirvienta alemana o francesa de la que los niños solían aprender idiomas. Hoy ya no hay sirvientas del exterior.
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