Диалог культур. Испанскому клубу - 50 лет - 2012
33 En la 6ª clase, cuando estudiábamos geografía, me parecieron muy bellos los nombres geográficos de España y de América Latina: Asturias, Costa Rica, Puerto Rico, Tierra del Fuego, Río de la Plata, Santiago…Más tarde también comenzaron a resonarme los nombres de personas: Bartolomé de las Casas, García Lorca, Francisco de Quevedo, Tirso de Molina, Calderón de la Barca, Lope de Vega, Cervantes de Saavedra… ¡Eran maravillosas combinaciones de sonidos! ¡Y si hablamos de la pintura española, impregnada de magia, de sentimientos y de emociones! Uno de los primeros cuadros que vi, fue «El entierro del Conde Orgaz» de El Greco. Su reproducción estaba colgada en la pared sobre el piano de la casa de Irina. Teníamos entonces unos 13 aňos. Irina era una chica muy especial: Cuando estaba enferma en casa y, por eso, no podía ir a la escuela, se dedicaba… ¡a las matemáticas! Además a los 12 años se puso a aprender a tocar el piano. Era aficionada al canto y a la ópera . También era aficionada a la pintura. «El Greco. Domenico Teotocópulos», -decía Irina cuando fijaba mis ojos en el cuadro. Y hace relativamente poco tiempo, leyendo sobre la obra de El Greco, me enteré del verdadero contenido del cuadro que he mencionado al principio de este párrafo. Durante el entierro sucedió un milagro: cuando los sacerdotes se disponían a enterrarle, descendieron del cielo San Esteban y San Agustín para colocarle con sus propias manos en la sepultura; los méritos del conde hacia la Iglesia fueron importantes. Y pensar que ¡el conde Orgaz fue pariente lejano de Iván el Terrible, porque fue descendiente de la familia real bizantina de los Paleólogos, ya que la abuela del zar ruso fue Sofia Paleólog! (esposa del Iván III). Mucho más tarde me encantó tomar contacto con otra reproducción de El Greco «Toledo bajo la tormenta» y, también, «El príncipe Baltazar Carlos a caballo» de Velázquez. Ambos cuadros fueron expuestos en la galería de pintura en la Casa de los Científicos que está cerca de nuestra casa. Esto ocurrió en los años 70 del siglo XX. El tema español se dibujó en mi vida de nuevo en un sitio y en un momento totalmente inesperado: ¡En Crimea, en Teodosia, una ciudad fundada por los griegos hace más de 2000 años! Estuve allí con mi madre en los años 60. Por la mañana temprano nos despertaban los cantos de unos pájaros desconocidos: «Tuc-tu-u-u-c…….. Tuc. Tuc-tu- u-u-c………. Tuc». «¿Cuál es este bicho que no nos deja dormir?» – le preguntaba a nuestra ama de casa. Ella nos dijo que se trataba de palomas que llegaron a Teodosia en un barco español y que desde
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