Диалог культур. Испанскому клубу - 50 лет - 2012
106 –«Gran casa, gloriosa casa – dijo el doctor. ¡Tenéis un cocinero maravilloso y qué puros! Y ese amigo vuestro que vive en Londres… ¿Ha dejado de enviarle jerez ?» (I.A. Goncharov. Obyknovennaia Iistoria, 1847) –«Aquí no hay ni teatro ni sociedad… Por todas las partes por donde se reúnen los ingleses, puede usted encontrar una habitación limpia, una chimenea con carbón de piedra, un perfecto trozo de carne, jerez , oporto,… en cambio no encuentra usted sociedad». (I.A. Goncharov, Fregat Palada. Tomo II, 1858) –«Vosotros estáis hartos y sois indiferentes, por eso tenéis tendencia a la filosofía, y yo quiero vivir y por eso después de almorzar bebo jerez y fumo puros». (A.P. Chéjov, Chaika, 1896) –«En la Estación NIkolaevski se encontraron dos amigos: uno gordo, el otro delgado. El gordo acababa de almorzar en la estación y sus labios, manchados de mantequilla, brillaban como cerezas maduras. Olía a jerez y a azahar. El delgado acababa de salir del vagón e iba cargada de maletas, de paquetes y cajas de cartón. Olía a jamón york y a poso de café (A.P. Chéjov, Tolstyi i Tonkii, 1883) El jerez en la literatura rusa es un vino que se sirve a la mesa con asiduidad, este matiz lo podemos observar en elsiguiente fragmento de la obra Ottsy i deti de Turguenev: «Aunque el almuerzo había sido preparado con celeridad, había resultado bueno, incluso abundante; sólo la poca cantidad de vino había achispado al personal: un jerez casi negro comprado por Timofeich en la ciudad a un comerciante por el conocido» (I.S. Turguenev, Otsy i deti, 1862). Indudablemente las referencias a este vino en la literatura nacional son muy numerosas, pero nos gustaría comenzar con el escritor más célebre de la literatura española. Don Miguel de Cervantes en su famosa obra El Quijote (1695) quizá no haga referencia al producto en si, pero sí hace referencia a los preciosos paisajes de los campos jerezanos: en el capítulo dieciocho donde Sancho Panza nos cuenta las razones por las que su Señor confundió dos rebaños entre polvaredas con dos ejércitos, dice Sancho: «Pusiéronse sobre una loma, desde la cual se vieran bien las dos manadas que a Don Quijote se le hicieron ejércitos. Pero, viendo en su imaginación lo que no veía, comenzó a decir: „En estotro escuadrón vienen los que beben las corrientes cristalinas del olivífero Betis; los que tersan y pulen sus rostros con el licor del siempre rico y dorado Tajo; los que gozan las provechosas aguas del divino Genil;
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