Диалог культур. Испанскому клубу - 50 лет - 2012
105 El recientemente fallecido y también escritor norteamericano John Updike (1932–2009) nombra con profusión en sus obras al jerez, claramente por influencia anglosajona, y esto se puede observar en sus obras En torno la granja (1965), Conejo es rico (1981), Conejo en paz (1990) , Busca mi rostro (2002). Más actualmente el autor galés Ken Follet hace referencia al jerez en una de sus últimas novelas, La Caída de los gigantes (2010) , aunque ya lo había hecho con anterioridad en sus obras Papel moneda (1977), El ojo de la aguja (1978), Triple (1979) y Una fortuna peligrosa (1993). Los escritores franceses también describieron en sus escritos las delicias del jerez, por ejemplo, Alexandre Dumas (1802–1870), el autor de las novelas los tres mosqueteros y El Conde de Montecristo (1845), hace varias referencias en esta última al jerez; y Theophile Gautier (1811–1872) en su libro de viaje Voyage en Espagne (1843) manifestaba su asombro por el jerez: « Marchamos por avenidas de toneles colocados en cuatro o cinco f ilas superpuestas. Tuvimos que probar todo aquello, por lo menos de las clases principales, porque hay inf initas». El escritor italiano Edmondo deAmicis (1846–1908) dejó plasmada la esencia del jerez en su obra La Spagna (1872), concretamente en su capítulo X donde detalla su paso por la provincia sin olvidar, por supuesto, sus vinos. Con referencia a la literatura rusa, se tiene constancia de que Ilya Ehrenburg (1891–1975) visitó la ciudad de Jerez acompañado de su esposa para entablar contacto con organizaciones obreras y sindicales. A pesar del motivo que le condujo a Jerez, el escritor halló tiempo para visitar las bodegas jerezanas y degustar sus vinos. La prueba de su paso por la ciudad no la dejó en su libro de memorias Gentes, años y vida (1961–1965). En casi todos los fragmentos que hemos encontrado el jerez es un producto singular que no estaba al alcance de todos. Se trataba de un producto consumido entre la sociedad aristocrática, fe de ello dan algunos fragmentos de literatos rusos que enumeramos a continuación: –«¿Y quienes son esos escritores, hermano? – preguntó el conserje intentanto acabar con la discusión–. ¿Funcionarios? –No, son señores que se inventan qué es lo que necesitan, – explicó Zajar. –¿Y qué hacen con vosotros? – preguntó el portero. –¿El qué? Uno pide una pipa, el otro, jerez … – dijo Zajar y cesó la conversación viendo que todos se reían». (I.A. Goncharov, Oblomov, 1858)
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