Диалог культур. Испанскому клубу - 50 лет - 2012
51 Historia de un cuadro Ida M.Savínskaya Esta es una sorprendente historia que cuenta cómo un joven pintor de Novosibirsk regaló un cuadro al Fondo Federico García Lorca de Madrid. Participaba activamente en la labor de los miembros del Club de Español, pero por desgracia nadie de aquellos que le conocieron y que siguen colaborando en el Club recuerda hoy algo de esto. Hasta yo, que tuve un papel muy importante en aquella historia, la recuerdo vagamente, y muchos momentos importantes han desaparecido totalmente de mi memoria. No obstante, creo que es necesario contarla, aunque sea sólo aquello que me viene a la memoria, ya que aquella historia tuvo un papel muy importante en mi vida y en las actividades de nuestro Club. De cualquier modo nos pusimos en contacto con los lorquistas moscovitas, españoles que habían recalado en Moscú durante la Guerra Civil española y que habían desarrollado su vida allí después de la guerra. Estos mantenían vínculos con el Fondo Federico García Lorca de Madrid y con su fundadora, la hermana del poeta, doña Isabel García Lorca. En aquel entonces el Fondo estaba preparando materiales para el 60 aniversario de la aparición del ciclo poético «El Romancero Gitano» y los lorquistas moscovitas le ayudaban a recopilar materiales. Nadie recuerda la manera en que llegamos a conocer al pintor Yuri Timofeyev de Novosibirsk, que había pintado su cuadro «Viento del Este» bajo la inspiración del poema «Encrucijada». En aquel entonces, hablamos de finales de los años ochenta, teníamos la simple intención de regalarle al Fondo algunas diapositivas de aquel cuadro. No recuerdo quien me dió el teléfono del pintor pero le telefoneé y quedamos para conocernos. Atendió a nuestra petición con mucho gusto y me mostró su obra. Realmente el cuadro evocaba una encrucijada de una ciudad espaňola. El pintor me contó qué había querido expresar en su lienzo. Su cuadro fue pintado de una manera peculiar, con las figuras un poco deformadas. A pesar de que estoy más acostumbrada a lienzos puramente realísticos, le puse mucha atención a la obra de Timofeyev. Y sentí el humor de preocupación que había querido reflejar el autor. El cuadro me gustó y le pedí al autor que hiciera diapositivas, pero él se negó diciendo que eso era una cosa muy difícil y dijo de repente: «¡voy a regalarlo!» La decisión fue inesperada y me alegró muchísimo. Estaba muy agradecida al pintor.
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