Диалог культур. Испанскому клубу - 50 лет - 2012
20 el viaje de novios a Rusia (1976), el cirujano mejicano José Güémez Troncoso (1978) que invitó a tres miembros del club a visitar su casa en México, unos científicos minerólogos de Espaňa que participaron en el congreso internacional en Akademgorodok (1978), el paleontólogo Antonio Perejón Rincona (1981). El periodista y el viajero Jorge Sánchez que viajó por todo el el mundo, regaló una colección de sus libros con la inscripción de donación a la biblioteca. Él fue uno de las primeras personas que escribieron sobre el club de Novosibirsk – lo mencionó en su libro «Mi viaje por todas las Rusias». Muchas personas que una vez visitaron al club, incluyeron esta visita en el programa de su viaje siguiente a Novosibirsk y actualmente mantienen contacto con el club. «Mis queridos amigos», –así comienza las cartas Antonio Salvador, el traductor español. Viajando a la Ásia Central pasó por Novosibirsk, visitó al club y de vuelta volvió a Novosibirsk para visitar al club otra vez . Al cabo de unos años tenía lugar el tercer encuentro con Antonio Salvador: en su viaje a Japón hizo parada especialmente en Novosibirsk para visitar al club. En esta época el club se hace un participante activo de la Semana anual de Solidaridad internacional organizada por la Universidad Estatal de Novosibirsk (llamado más tarde «El Festival Internacional de Jóvenes»). Los miembros del club ayudaban a organizar el festival, trabajaban de intérpretes, practicando al mismo tiempo el habla y extendiendo los contactos amistosos. En uno de aquellos festivales en 1976 tuvo lugar un encuentro con Julio Mateu (1908–1985), poeta y hombre público español. El conocimiento se convirtió en una amistad de muchos años. Los miembros del Club le visitaron a él en Moscú, en el Centro Español, que él dirigía en aquel tiempo, grabaron una entrevista con él. Después lo volvieron a recibir en Novosibirsk. «De Siberia, de la región más fría en la URSS, va el calor a toda Europa», – dijo Julio Mateu en una entrevista en Novosibirsk. Una parte de este calor, indudablemente, viene de los corazones de nuestros «españoles» que compartían este calor con el poeta durante muchos años de amistad. Los versos de Julio Mateu se aprendían de memoria, se traducían al ruso, a su obra le dedicaban las veladas literarias. Los encuentros con las personas del extranjero despertaron interés no sólo en los países hispanohablantes sino también el deseo de conocer mejor la ciudad natal – confesaron «los hispanistas». Hay una buena costumbre en el Club – presentar a los invitados la ciudad
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