Диалог культур. Испанскому клубу - 50 лет - 2012
108 Donde acuden a tejer sus nidos los ruiseñores; donde están nuestros mayores; lo aprendimos a beber. El ahuyentó nuestro hastío allá en las noches de luna en la orilla de aquel rio; él fué dorado rocío que salpicó nuestra cuna. El en la tarde risueña bajo la undosa parra del patio y la fiesta dueña, humedeció la rondeña y dió vida a la guitarra. Por eso al cruzar, tal vez, del mundo la inmensidad, una copa de Jerez tiene sabor a niñez con olor de santidad. El escritor canario Benito Pérez-Galdós (1843–1920) hace numerosas referencias al jerez en muchas de sus obras, resaltando las diferentes cualidades de éste. Hace referencia al jerez en diez de sus episodios nacionales ochos novelas y dos obras de teatro, entre las que destacamos: Su cuento Theros (1871) donde narraba su llegada en tren a la ciudad y comentaba en él lo siguiente: «Llegábame sin duda el exquisito olor de las jerezanas bodegas, que más cerca estaban a cada minuto, y por último la maquinaria dio resoplidos estrepitosos, husmeó el aire, cual quisiera oler el zumo almacenado entre las cercanas paredes y se detuvo»; en su obra Lo prohibido (1884), el personaje principal de la obra mantiene relaciones familiares y de negocios con Jerez; Galdós introduce el jerez como un elemento de cualidades casi medicinales en El amigo manso (1882) (Doña Javiera le recetaba vino de Jerez y agua de hojas de naranjo agrio», en La de Bringas (1884) (El médico me dice que tome un dedito de jerez ) y en Fortunata y Jacinta (1886) (El doctor había recomendado que se le diera doble dosis de nuez vómica, seguir con las cucharadas por la noche, las papeletillas por el día, y a sus horas el Jerez o el Pajarete».
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