Диалог культур. Испанскому клубу - 50 лет - 2012
95 que la palabra flamenco procede del árabe felag-mengu (campesino fugitivo). Y es cierto que algunas creaciones del flamenco proceden de gentes perseguidas o huidas de la justicia. Cuando se expulsó definitivamente a los árabes de España, en 1492, comenzó la represión contra quienes se negaban a adoptar la religión cristiana. Millares de familias árabes, judías y gitanas emprenden un largo peregrinaje, y sus cantos reflejan temor, esperanza, nostalgia por la tierra perdida, invocaciones a Dios. Por otra parte, han sido famosos en la historia de España los bandidos generosos, que robaban al rico para dar al pobre y se escondían con sus familias en las cuevas de las sierras, las montañas abruptas de Andalucía, fuera del alcance de la justicia. En esas cuevas, por supuesto, se cantaba y se danzaba, y el flamenco de ese origen expresa el trágico destino, el riesgo en que se vive y un cierto fatalismo (el hombre puede caer en el próximo asalto). Y es, a la vez, salvaje y bravio: «Una cordera, de tanto acariciarla se volvió fiera; también las mujeres, cuanto más se acarician, se vuelven más fieras». Las danzas y cantes flamencos . La Antología del Cante Flamenco recoge en discos nada menos que treinta y tres variaciones del flamenco, cada una de ellas de origen y de características diferentes. Escogemos algunas de ellas. Sevilla es la capital de Andalucía, y las sevillanas se bailan y cantan en todos sus lugares y rincones. Sus barrios típicos, de los que el más conocido es el de Triana, se caracterizan por pequeñas casas con tejados bajos y balcones repletos de flores en las que normalmente sólo vive una familia. Pero también existen otros edificios con decenas de modestos apartamentos, en los que habitan gran número de vecinos, y que tienen un gran patio central, llamado corral, que sirve como lugar de reunión y diversión para los inquilinos. En esos corrales nacieron las llamadas sevillanas corraleras y en ellos se canta y se baila prácticamente todas las noches del año bajo las estrellas. Cádiz, la antigua Tartesos, es otro de los centros esenciales del flamenco. De allí proceden las alegrías, ligeras y sensuales, que algún poeta ha comparado con el ritmo de los cañaverales en las márgenes de un río: «esbeltas y flexibles, rumorosas y dulces… las altas cañas verdes, de rubia cabellera, con los arcos volantes de sus hojas agitadas y entregadas al viento». Una de las costumbres españolas hasta hace bien poco era la ronda. Los jóvenes de pueblos y ciudades, reunidos en grupo, hacían serenatas cantando y tocando sus guitarras frente a las ventanas
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