Диалог культур. Испанскому клубу - 50 лет - 2012

89 cedió, y el Padre Anselmo se vio obligado a improvisar. El «general» de los agustinos, más flexible dio el permiso y dos frailes, el Padre Luis y el Padre Pedro, se ofrecieron a preparar la paella: ambos aseguraban que sabían hacerlo desde su juventud, cuando eran seglares. Y el Padre Anselmo pidió a dos matrimonios muy piadosos, benefactores del Monasterio de San Millán, que les acompañasen a Siberia para hacer las tortillas de patatas, Ana y Mariano, Lola y Angel, aceptaron encantados y se ocuparon de comprar dos grandes sartenes. Naturalmente se recordó a Svetlana que los cincuenta huevos debían ser crudos. Debido a las conexiones del Transiberiano, el festejo iba a celebrarse en domingo. Se preveía doblar el número de asistentes – efectivamente, contando los españoles y la tripulación del barco, llegaron casi a ochenta – por lo que fue necesario llevar dos paelleras. Perfectamente embaladas salieron como equipaje de los viajeros. En Madrid se explicó a los empleados de Aeroflot lo que contenían aquellos grandes paquetes, pero en el aeropuerto Bomodiedovo de Moscú, ante la pregunta de que contenían, el Padre Anselmo, sin pensarlo, contesto con sorna: – Antenas parabólicas La muchacha del mostrador de facturación, perpleja, cogió el teléfono y preguntó a su jefe: – ¿En Novosibirsk no hay antenas parabólicas? Se ignora la respuesta, pero las paelleras llegaron indemnes a Novosibirsk, y los padres Luis y Pedro prepararon dos enormes paellas a las que pusieron un apropiado: «arroz a la parabólica». Madrid, junio de 2012

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