Диалог культур. Испанскому клубу - 50 лет - 2012

26 50 años del «Club de Español» de Novosibirsk Carmen Arnau Muro Hace ya 14 años que en uno de mis primeros viajes a Siberia, en una escala en Novosibirsk, tuve un encuentro con una mujer excepcional. Natalia Serafimovna. Había quedado con ella a petición de su amiga y compañera de estudios, Marina, que era mi profesora de ruso en España. Cuando, Marina se enteró de que iba a Rusia y de que haría escala en Novosibirsk, me encargó que le entregara una carta y algún dinero, a su vieja amiga, a quien hacía muchos años que no veía. Natalia era una mujer pequeña, muy delgada, algo encorvada, de unos 65 a 70 años, eso calculé yo, al menos. Que irradiaba determinación y energía. Se veía una luchadora nata, y capaz de entregarse a una causa de forma desinteresada y constante. Su causa, fue la enseñanza del español, y de la cultura española y uno de sus logros fue el promover la creación de un «Club de Español» que ha pervivido décadas, hasta ahora cumplir los 50 años. Gracias a su tenacidad, y a haber sabido implicar a otras personas que con su dedicación han mantenido este compacto núcleo de amigos del español y de lo español. Sin medios, sin manuales, sin material didáctico, durante años han impartido clases de español de forma gratuita, consiguiendo un grupo de alumnos que, como he podido comprabar, hablaban un español más que aceptable. Así en repetidas ocasiones a lo largo de años, he procurado hacer escala en Novosibirsk, de paso a mis lugares de expedición, solo por encontrarme con estas personas tan entusiastas de nuestra lengua y cultura, que de una forma anónima difunden con un cariño una dedicación todo lo español idealizándolo con una visión un tanto literaria y romántica. Recuerdo la primera vez que me invitaron a la fiesta anual del club español. Les habían cedido una sala en un centro cultural. Habían adornado las paredes con banderines con los colores de nuestra bandera, abanicos, mapas y fotos de España. Hubiera podido parecen folklórico, un decorado para turistas, pero resultaba tan entrañable, como con estos objetos querían «sentirse» en España. Lo habían preparado con tanto cariño y esmero. Además, era un decorado efímero, porque debían desmontarlo, una vez acabado el encuentro. Les habían cedido la sala

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