Диалог культур. Испанскому клубу - 50 лет - 2012
76 Todas las mujeres que pasean por las calles de La Habana advierten que todos los hombres que se cruzan en su camino les dicen algo. Son piropeadores. Decir piropos es una de las costumbres de los cubanos. Los piropos son símbolos de la simpatía que posee la mayoría de los varones cubanos. A una mujer atractiva le dirán: «¡Qué bella! ¡Qué linda! ¡Qué guapa! ¡Qué elegante!», etc. Una muchacha joven puede escuchar: «¡Qué pepilla!». «Si cocinas como caminas, me como hasta la raspita», en alusión al reconocido movimiento de cintura y caderas que identifica el andar de las cubanas. «Niña, el sol está en tu pelo para alumbrarme el camino», si se trata de una rubia, y por el contrario «en la oscuridad de tu pelo quiero perderme todas las noches» si la agraciada es de cabello oscuro. Para una gordita hay un piropo muy específico de la Cuba de aquel tiempo: ¿Cuántas tarjetas comestibles tiene tu papá?» Además de los piropos positivos, los hay también ofensivos, pero no me atrevo a citarlos aquí.
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